Lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

27 de julio de 2026

Reflexión

Pegarse, no pudrirse

La imagen en el corazón de la primera lectura de hoy es la intimidad: Dios hizo que su pueblo se le "pegara como el ceñidor se pega a la cintura de un hombre". Es algo casi sorprendentemente físico — lo más cercano al cuerpo, llevado contra la piel. Esa era la cercanía que Dios deseaba. Y su ruina viene precisamente de la distancia: la prenda es llevada lejos, enterrada y dejada hasta que se pudre, "no servía para nada". Las relaciones funcionan igual. Se mantienen vivas por la cercanía y se destruyen por la distancia.

¿Cuántos vínculos se han podrido en silencio, no por una traición dramática, sino por el lento descuido — llevados a algún país lejano de ocupaciones u orgullo y nunca cuidados? El ceñidor no se pudrió por ser malo; se pudrió por quedar enterrado y olvidado. Así les pasa a las amistades, los matrimonios y los lazos familiares cuando dejamos de pegarnos, de aparecer, de estar cerca. La advertencia es suave pero real: la cercanía hay que mantenerla, o se descompone.

El Evangelio ofrece el modo en que la cercanía se reconstruye: pequeña y escondida. "El reino de los cielos se parece a la levadura que una mujer mete... hasta que todo fermenta". Las relaciones no suelen sanar por un gran gesto, sino por levadura — los actos de amor pequeños, repetidos, a menudo invisibles, que poco a poco transforman el todo. Una bondad diaria. Una palabra de perdón. Atención dada cuando nadie mira. Escondida, como la levadura, pero cambiándolo todo.

Y el grano de mostaza anima a la paciencia. Si una relación apenas respira, no desprecies la pequeñez de un primer paso de regreso hacia ella. "La más pequeña de las semillas" se hace árbol. Planta la semilla — un mensaje, una disculpa, un regreso — y deja que Dios la haga crecer. Fuimos hechos para pegarnos, a Dios y unos a otros. Donde algo ha empezado a pudrirse por la distancia, acorta la distancia. Donde anhelas crecimiento, planta la semilla y esconde la levadura. El Dios de la cercanía hará el resto.

Señor, Tú anhelas la cercanía — nos hiciste para pegarnos a Ti y unos a otros. Donde me he apartado y he dejado que una relación se pudra en algún país lejano de descuido u orgullo, atráeme de vuelta. Enséñame a ser la levadura escondida de bondad en las vidas que me rodean, y a plantar granos de mostaza de amor que crezcan con el tiempo. Mantenme cerca, y hazme fuente de cercanía para otros. Amén.

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Metanoia

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Un compañero diario silencioso que toma las lecturas de la Misa de hoy y las refleja a través de lo que realmente estás viviendo.