La alegría del que ve la gracia
"Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho." La primera reacción de Bernabé al llegar a Antioquía no es evaluar, corregir ni organizar. Es alegrarse. Ve a Dios trabajando y celebra. Esa es la mirada del que tiene ojos de fe: reconoce la gracia donde otros solo ven imperfección.
Cuántas veces nos acercamos a las situaciones buscando primero lo que falta, lo que está mal, lo que hay que arreglar. Bernabé nos enseña otra mirada: primero el asombro, primero la gratitud, primero la alegría por lo que Dios ya está haciendo. La corrección vendrá después si es necesaria, pero sobre el fundamento de la celebración, no de la crítica.
Jesús envía a los discípulos proclamando que el Reino está cerca. No que está lejos. No que hay que construirlo desde cero. Está cerca. Ya está aquí, entre nosotros, aunque no siempre lo veamos. La misión no es traer a Dios donde no está sino señalarlo donde ya actúa. El Catecismo enseña que el Reino de Dios está ya misteriosamente presente en la Iglesia y en el mundo (CIC 763-769).
El Salmo canta: "Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas." El canto nuevo nace de ver maravillas. Y las maravillas están ahí, cada día, para quien tiene ojos de fe. En la persona que se convierte. En el amigo que perdona. En el enfermo que conserva la paz. En la comunidad que crece a pesar de todo.
San Ignacio de Loyola enseñaba a "buscar y hallar a Dios en todas las cosas." Esa búsqueda no es pesimista ni escéptica; es gozosa. Es la aventura de descubrir la gracia donde la dábamos por ausente. Es la sorpresa repetida de encontrar a Dios trabajando en los lugares más inesperados.
Hoy puedes empezar tu día con la mirada de Bernabé: antes de buscar lo que falta, celebra lo que hay. Antes de lamentarte por lo que no funciona, agradece lo que sí. La alegría no es ingenuidad; es fe que reconoce la mano de Dios.
Señor, dame hoy los ojos de Bernabé. Que al mirar mi vida, mi comunidad, mi mundo, lo primero que vea sea tu gracia actuando. Que mi reacción inicial sea la alegría y no la queja, la gratitud y no el lamento. Sé que hay cosas que mejorar y problemas que resolver, pero déjame empezar por cantar tu canto nuevo. Hoy celebro tus maravillas: las visibles y las ocultas, las grandes y las pequeñas. Tu Reino está cerca. Más cerca de lo que mis ojos miopes perciben. Gracias por eso. Amén.