Reflexiones sobre el Evangelio de Mateo 7
Hoy escuchamos sobre las graves consecuencias de alejarse de Dios, como ocurrió con Israel cuando el rey de Asiria los conquistó y los llevó al exilio. Jesús nos llama a no juzgar a los demás, recordándonos que debemos ser conscientes de nuestras propias faltas.
Reflexiona sobre cómo ves a tus hermanos y cómo te ves a ti mismo a la luz de las enseñanzas de hoy.
Preguntar sobre Evangelio según San Mateo 7
Este pasaje es uno de los más malentendidos de los Evangelios, así que vale la pena profundizar en él. Cuando Jesús dice "No juzguen, para no ser juzgados", no está prohibiendo todo discernimiento o capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto. Si fuera así, no podríamos vivir como comunidad ni como Iglesia. Lo que Jesús prohibe es la condenación precipitada, el juicio que presume conocer el estado del alma de otro, el que sale desde la superioridad moral. Es el juicio que olvida nuestra propia fragilidad. La imagen de la viga y la paja es genial porque es visual y absurda. Imagina a alguien con un trozo de madera atravesándole la cabeza tratando de sacarle una mota de polvo a otro. Eso es lo que Jesús ve en nosotros cuando condenamos sin antes examinar nuestras propias raíces: hipocresía, ceguera, falta de autoconocimiento. Santo Tomás de Aquino nota que el pecador que juzga al otro está cometiendo un doble mal: permaneciendo en su propio pecado mientras presume estar en posición de juzgar. Lo crucial es que Jesús no dice "abandona a tu hermano en su error". Dice: primero límpia tu propia visión, luego ayuda. La meta final es la sanación mutua, la restauración. Pero eso solo es posible desde la humildad, desde alguien que reconoce su propia necesidad de transformación. Hoy, San Paulino de Nola, que fue obispo en el siglo V, nos recuerda esto viviendo una vida de renuncia y servicio sincero, sabiendo que el verdadero liderazgo espiritual comienza precisamente en ese lugar de autoconocimiento honesto.